La eterna búsqueda del frío

fuego
Foto: Luis Benítez (Maastricht, Holanda)

Y aquí sentado, como un sosegado brío atrapado, me sitúo ante la realidad y le miro de frente sin saber bien qué decir. Sin conocer ni tan siquiera qué pensar. Hoy es uno de esos días grises que rompen de golpe y porrazo el soleado mes de septiembre. Corrijo: el extrañamente ardiente mes de septiembre que mantuvo el calor sin avisar.

Cuentan que hubo una vez un hombre que, en lugar de ansiar el calor, añoraba con toda su alma el frío. Y a ese hombre, la llegada de este otoño tardío le sentó como un respiro de aire fresco, tan necesario como le es una sonrisa a la felicidad, tan innato como se agradece la vida en cada despertar. De forma extraña, ese hombre que cada vez se volvía más y más adicto al frío, acabó encorvándose cual bóveda de piedra, caminando solitario y huyendo de todo aquello que puediera hacerle soñar, pensando que si evitaba así la ilusión de ese calor eterno también eludiría para siempre el golpe mortal de la segura desilusión de amar sin ser amado, o de ser amado sin quererlo.

Y finalmente, con la obsesión de mantener el hielo vivo, murió de frío. Y en su lecho de muerte, petrificado, una llama de fuego le fue otorgada por el azar. Curioso destino de un hombre que quiso huir del calor humano, siguiendo durante su efímera vida su propio ego, y que fue paradójicamente obsequiado, en su muerte, con un eterno fuego.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s