El miedo a amar la diferencia

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Foto: Luis Benítez (Santa Teresa di Gallura, Italia)

A veces se dan cosas por sentado que ni mucho menos el ser humano aún ha superado. Ver, oír y leer historias del pasado que ni comprender podemos, cuyos argumentos desmantelan una tela de araña de racismo, xenofobia, homofobia o machismo, se nos hace más habitual de lo que debería o debiese ser. Lo realmente cruel es que no todas estas tramas descritas sucedieron mucho tiempo atrás, y aunque increíble resulte, aún hoy se ven, oyen y leen tantas y tantas injusticias sociales que se hacen incomprensibles a toda mente racional… Y digo incomprensible porque, precisamente, la razón nos sugiere que no se ha de tratar a nadie mal por no ser igual ya que, al fin y al cabo, todos somos diferentes. A lo irracional, por lo contrario, todo esto le suena a chino, pues el propio interés de los ombligos es lo que por desgracia más pesa.

La Historia está llena de imborrables capítulos que más quisiéramos poder tachar; desde el salvaje colonialismo que tantas culturas calcinaron, pasando por los autoritarismos más malvados de la Europa de mediados del XX, y acabando por el racismo de la América menos libre, o el odio al homosexual, rechazo al extranjero y menosprecio a la mujer aún vigentes en nuestros días, a veces mal disfrazados y disimulados.

Y es que, si hay algo peor que el estupidismo de los 40, es el neo-estupidismo de los que adoran ahora a los dictadores extintos; si hay algo peor que el racismo, es el racismo económico, ese que hace tristemente creer a algunos que un africano pobre es despreciable y que un jeque árabe no lo es tanto. “El fascismo se cura leyendo, y el racismo se cura viajando”, decía un tal Miguel de Unamuno.

Espero que mañana el texto cambie. Deseo que mañana ésta sea la historia de un pueblo que aprendió a crecer gracias al respeto al prójimo, por diferente que éste sea, pues es gracias a ese respeto con el que las mentes se abren. Y cuando sucede las personas se hacen más ricas y crecen, hasta ser libres, porque es esa libertad de pensamiento la que alimenta la grandeza de las personalidades y hace rico al espíritu humano.

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4 comentarios sobre “El miedo a amar la diferencia

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