Discurso Presentación de mi Libro

Gracias. Qué bonita palabra. Y qué necesaria. Gracias a todos vosotros por ser partícipes de este día tan especial y estar conmigo. Gracias a aquellos que han hecho posible que hoy nos sentemos aquí: la Diputación y las personas que forman parte de ella, como Lucía, Ana Clara, los técnicos, Agustín Medina. Gracias a Lauro Anaya y Paco Ruano por esta presentación tan maravillosa. Gracias a El Libro Feroz (Francisca y Javier) y Gustavo por sus orientaciones a la hora de resolver todas mis dudas con la publicación. Gracias a Erick Alcántara, por la dedicación y pasión entregadas en el diseño de la cubierta, en la que cada elemento tiene su significado. Gracias a mi familia (mi padre, mi madre, mis hermanas, Manuela, mis cuñados), que siempre me han apoyado y han estado presentes en la distancia y desde el cielo en los momentos más duros. Y a mis amigos, siempre acompañando y siendo también soporte fundamental. Gracias a ti, vida, por ponerme en tesituras que me ayudan a crecer cada día. Y gracias, tal y como dejo claro en el libro, a todos aquellos soñadores anónimos con los que me voy cruzando, porque me han ayudado sin saberlo, bien a través de conversaciones, grandes amistades o simples miradas, a escribir no sólo este libro sino también mi camino. Porque ellos son realmente los que han creado estas líneas, convirtiéndome en un mero intérprete de las luces de sus sueños y las oscuridades de sus murallas, siempre salvadas. Tan necesario es el negro como el blanco, tan ineludibles son los momentos amargos como necesaria la muerte para la vida, y las crisis para levantarnos.

Como muchos sabéis, un día decidí romper con todo y materializar una idea que aunaba muchas de mis pasiones: la de viajar, la de escribir y la de inmortalizar a través de la fotografía; la de conocer nuevas culturas y agitar la vida. Pero este proyecto nació de la observación del mundo y su día a día. Vivimos en una sociedad acelerada en la que muy a menudo vamos caminando por inercia sin saber si la dirección que tomamos es la que verdaderamente nos hace felices. ¿Cuántas veces nos hemos preguntado a nosotros mismos cuál es nuestro sueño? Seguro que muy pocas, o al menos insuficientes. Y cuando nos lo preguntamos, ¿hacemos verdaderamente todo lo posible por alcanzarlos? Aunque paradójicamente no lo practiquemos a menudo, nos encanta hablar de nuestros sueños. Existe una reacción muy habitual en aquellos a quienes les pregunto. No han sido pocos los que, en mitad de conversaciones muy fluidas, detienen el discurso al ser cuestionados por sus sueños, inclinando el cuerpo hacia atrás, y de forma incrédula llegan a la conclusión de que no lo saben; de que no lo sabemos. ¿Cómo nos es posible vivir en plenitud sin saber por qué motivos lo hacemos? Un coche no anda sin motor, así como nos será imposible lograr objetivos sin esos sueños que nos muevan. Esa meta, tengamos la forma que tengamos, seamos de la raza que seamos, nacionalidad, edad, género o situación social… da igual. El destino siempre es el mismo: la felicidad. Nunca existió un solo ser humano que no ansiase ser feliz. Es lo que nos une, y nuestros sueños, los que nos motiva.

Como siempre digo, añoro ese tiempo en el que soñábamos con imposibles. Debemos desaprender y volver a creer que podemos volar. Decía Picasso “desde pequeño pintaba como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño”. Ese niño que, añado yo, abraza de forma diaria la verdadera libertad. Libertad de elegir, libertad de hacer, libertad de sentir.

¿Qué nos pasó? ¿Qué nos llevó a confundir ser realistas con dejar de soñar? La respuesta es simple y certera: el miedo. Siempre lo fue. Y resulta paradójico que nos amoldemos a algo tan incómodo y que sea la prosperidad de nuestras ilusiones de lo que nos sintamos tan lejos. Esta sociedad, que es producto de nuestro hacer, y responsabilidad propia, no ajena, aliena nuestra creatividad a la hora de imaginar cómo queremos que sean nuestras vidas, y acabamos convenciéndonos a nosotros mismos de que esto no es una película y de que no debemos ser ese actor que olvidó su guion. Observo que la gente desfila continuamente por la pasarela de la vida y lo que copa sus días no es más que trabajar con el objetivo de poseer: poseer un coche, cuanto más caro mejor, a ser posible, para aparentar. Poseer una casa aunque su precio nos obligue a vivir con el agua al cuello durante los próximos veinte años, y ¿para qué? ¿Para vivir con la estabilidad de tener techo dentro de treinta? ¿Y si nuestra vida no dura tanto? O lo que es mejor, ¿y si descubrimos que en el camino que tomamos para realizar nuestros sueños la vida nos ofrece una alternativa que nos hace realmente felices y además pone comida en nuestro plato y bebida en nuestro vaso?

Urge una necesidad imperiosa de romper con los moldes; pongamos pues la premisa de que no existen límites cuando nos preguntemos a nosotros mismos cómo desearíamos vivir a partir de ahora. Abandonemos las barreras, y los “si yo pudiera…”. Deroguemos los condicionales y los pretéritos para empezar a pensar en presente. Convenzamos a nuestro corazón de que todo es posible, y a nuestra conciencia de que nunca es demasiado tarde. Y dejemos de poner como excusa el dinero, dibujando esperanza donde sólo vimos miedos. Ha llegado el momento de abrazar el miedo, porque éste sólo es malo cuando nos detiene.

Podría hablaros de Kevin, un luchador hawaiano de 65 años que vive en Tailandia y entrena cada día Muay Thai, arte marcial milenario. Lo hace aún con la certeza del peligro que supone exponer a su lleno de enfermedades cuerpo a la lucha y con la recomendación de su médico de descansar, pues corre el riesgo de morir sobre el ring. Pero la lucha es su sueño. Podría hablaros de Red, una chica que fue salvada de niña por la ONG para la que a día de hoy dedica su vida entera, porque su anhelo es levantar su país, que necesita de gente valiente que despierte cada día con el objetivo claro de salvar vidas maltratadas. Podría hablaros asimismo de Chum Mey, uno de los dos supervivientes aún con vida del genocidio de los años 70 por parte de los Jemeres Rojos, o de cómo superó torturas indescriptibles, y el asesinato de su familia a sangre fría. O de los niños que viven en situaciones deleznables e indeseables, o de aquellos que sufren las consecuencias de guerras que nunca eligieron. Todos son parte de este libro que hoy os presento.

Para mí, las personas más sabias son aquellas que son felices. Ellas son de las que uno más debe aprender, a través de la observación de su manera de ver la vida y de sus experiencias, que hablan por sí mismas. Yo quiero ser feliz, pero también sabio; y no hay mayor sabiduría que apreciar las grandezas de las propias raíces: mi infancia, mi adolescencia, mi tierra. Por mucho que viaje, Andalucía y, para ser más concretos Huelva, siempre será mi rincón favorito. Mis raíces también son mis sueños, y convencido estoy de que algún día volveré para quedarme y mi principal vocación será intentar hacer de esta tierra un lugar mejor.

Nunca dejéis de preguntaros por vuestros sueños. Os quiero.

¡Ya tengo la portada de mi primer libro!

Cargado con una mochila, una cámara al hombro y un lápiz abrazado a mi libreta narro en este primer volumen mis andanzas desde que, en una cálida mañana de octubre, saliera de su casa con una sonrisa cargada de ilusiones. Mi destino, no antes sin pasar por la mágica ciudad de Londres, era el magno Sudeste Asiático. Tailandia, Laos, Vietnam y Camboya fueron palabra a palabra rellenando este diario de viajes que recoge experiencias y reflexiones personales. Todo ello entrelazado con fortuitos encuentros, buscadas entrevistas y conversaciones con soñadores anónimos que van vertebrando un relato en el que también se cuenta mi propia historia como viajero.

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La portada es fruto del genial trabajo del artista mexicano Erick Alcántara (The Unlaw)

Terminando mi primer libro :)

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Terminando me hallo el primero de los libros de mi proyecto: La Vuelta al Mundo en 80 Sueños (VOL.I: el Sudeste Asiático). Ahora toca buscar editorial y proseguir camino. ¡Se aceptan propuestas!

PostData: (Gracias a María Benítez y Érick Alcántara por las fotografías)

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Cuatro primeros meses de travesía

img_5710Inglaterra, Octubre. En el céntrico y precioso barrio de Chinatown img_0337Tailandia, Noviembre. Un monje duerme a plena luz del día en un templo de Chiang Maiimg_3891Laos, diciembre. “La Tranquilidad y la Libertad”, niños del río Mekongimg_5106Vietnam, diciembre. Una familia vietnamita cena en el mercado nocturno de Hanoiimg_6604Camboya, enero. Un grupo de niños pobres buscando comida entre la basura donde viven

Viajar inspira

Los días van pasando y sigo aprendiendo cada minuto de una experiencia que sé que me cambiará la vida y la visión que tengo de ella. La gente con la que me cruzo y sus historias van rellenando un libro que me ilusiona cada día más. Viajar me inspira y he encontrado en la fotografía el complemento perfecto a lo que considero como vocación: la escritura. Da igual el modo cuando el fondo es transmitir, o eso pienso yo.

A pesar de no querer publicar tampoco las fotos por si algún día llego a exponerlas de algún modo, me encanta compartirlas, aunque sólo sea una mínima parte de las que tomo.

Esta foto se la he tomado hoy a un niño monje budista. Estoy en la ciudad de Phitsanulok, donde mañana felizmente empezaré mi primer voluntariado, enseñando inglés a niños tailandeses para que puedan optar a un futuro mejor el día de mañana. Después vendrá Chiang Mai.

¡Un abrazo!

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Foto: Luis Benítez (Phitsanulok, Tailandia)

Entrevista en la TV tailandesa

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Bangkok desde las alturas

Fotos: Luis Benítez (Bangkok, Tailandia)

El capricho del destino

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Fotos: Luis Benítez (Bangkok, Tailandia)

Dicen que el destino es aquello que se cruza en tu camino sin poder controlarlo, que es independiente al vuelo de una mariposa y al efecto de lo más poderoso, porque es invariable y si está escrito, inmutable. Tal vez estaba predeterminado que mi viaje a Tailandia estuviera desde su inicio marcado con letras que escriben la Historia. Hoy, tras tres jornadas en Bangkok, día 13 de octubre de 2016, el rey ha pasado a mejor vida. Tal vez, y para los que nunca pisaron suelo tailandés, esta noticia pase desapercibida, pero para los que hemos tenido la oportunidad de comprobar la devoción que sienten todos por su rey, no es una noticia más.

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Chinatown, Bangkok

Fotos: Luis Benítez (Bangkok, Tailandia)